Esta soy
Mi papá me regaló a los cinco años La Odisea, en dos tomos, bellamente ilustrada. Aún la tengo. Ya leía. Leía el diario para él, que me escuchaba atentamente sentado en el sillón de cuero. Leía la revista Susy, escondida en mi habitación porque me la habían prohibido. Mi recuerdo más lejano es un lápiz, un papel y un libro.
Mi mamá era profesora de geografía y me daba clases. A veces me mandaba a la dirección a hacer las pruebas porque le contestaba. Yo era muy rebelde. Tremendamente rebelde. Pero también muy buena alumna; claro, en las materias que me gustaban como Literatura e Historia. Detestaba la matemática y aún la detesto. Pero estudiaba, porque si me la llevaba a marzo no iba a sacarla fácilmente.
Las profes me decían: “Escribí, escribí”, y yo escribía. Redactaba los discursos para los actos, les hacía las composiciones a mis compañeras, y garabateaba algunos poemas que me parecían maravillosos, aunque, por supuesto, no lo eran.
Me casé a los dieciocho años, tuve cuatro hijas y un hijo, y pronto me separé. Todo fue vertiginoso. Me separé y estudié Letras. Me separé y comencé a trabajar en el campo que me quedaba lejísimo. Y me anoté en el Taller Literario de María Angélica Scotti, en Reconquista, al norte de Santa Fe, donde vivía. ¿Cómo pude hacer tantas cosas en tan poco tiempo y criando a todos esos niños? No lo sé. Quizá fue con la ayuda de mamá (¡con toda seguridad fue con su ayuda!), mientras yo iba y venía de la ciudad al campo, del campo a la ciudad.
Un día gané un premio muy importante, el Alicia Moreau de Justo; el presidente Alfonsín nos felicitó. Entonces María Angélica Scotti me dijo, “Sin un libro, una escritora no tiene entidad”. Así fue como publiqué Las líneas de la mano en la Universidad Nacional del Litoral.
Y luego todo siguió un tanto parecido pero diferente: leía, escribía, trabajaba, viajaba al campo y publicaba de vez en cuando. Hasta que conocí a Carlos, ese hombre fuera de serie, y me volví a casar. Y fui tan feliz sabiendo que era feliz, con mis hijas queriéndolo, con la ternura cubriendo nuestros días, que agradezco al infinito la frase que repetí con fervor –mañana, tarde, noche y madrugada–, para que él llegara hasta mí: “Doy y recibo amor de una pareja que es un par”.
Una vida de letras
Escribo cuentos, novelas y poesía. Nací en Rafaela, pero viví en muchos lugares de la provincia de Santa Fe, Argentina. Siempre soñé con una casita con chimenea y humo en medio de la montaña. Y mi sueño se cumplió.
En el 2012, con otras dos escritoras santafesinas, se nos ocurrió crear una editorial: Palabrava. ¿Para qué? Creíamos fervorosamente (y lo sigo creyendo), que tenemos excelentes narradores, narradoras y poetas, que merecen ser publicados. En ese momento no había editoriales en la capital de la provincia, excepto la UNL, que no daba abasto a tantos pedidos.
Escribí muchos libros de poesía, pero me gusta hablar de Poemas con bichos y de Eclipses familiares. El primero fue premio del Fondo Nacional de las Artes y de la Municipalidad de Buenos Aires. Se editó tres veces en Argentina, y también en USA; fue traducido al italiano por Arco Iris ediciones. Eclipses familiares ganó en Navarra, España, un primer premio, y se editó en Canarias y en la península. Y vio la luz en Argentina en el 2025 en ediciones UNL.
Durante el 2026 tuvo una primera y una segunda edición, el libro de poesía y fotografía La luz que te rodeaba sigue girando sobre la hierba —el jardín de Carlitos— en homenaje a mi marido.
Amo leer novelas, es por ello que me convencí de que el gran desafío era escribirlas. Así nació La Tigra (también publicada en USA), :salir de cacería, Te quedan lindas las trenzas (publicada en España por Ápeiron, y en USA por Pro Latina Press), y Vivir lejos, traducida al inglés, como la anterior, al griego y al neerlandés.
Después de los cuentos de Las líneas de la mano, nacieron Solo de amor, Helada negra y Mamá quiere ver las rosas.
No tengo el síndrome de la hoja en blanco, sino todo lo contrario: mis textos me persiguen
de una manera feroz hasta que, por fin, algún día, sonríen desde el papel.